13 jun 2026

El FP

Seguramente los que vivimos en La Paz hemos podido convivir y coexistir con la mentalidad del funcionario público.

El funcionario público que no hace ni más ni menos de lo que el manual de funciones le indica, porque si pinta fuera de la línea cae en procesos administrativos, pudiendo perder algún porcentaje de su sueldo o peor aún perder su salario fijo. Mejor si aplica la ley del mínimo esfuerzo porque al final del mes sea cual fuere su esfuerzo igual tendrá el mismo sueldo. El producto de su trabajo debe amoldarse al gusto de su jefe inmediato superior de turno y debe resistir a cualquier auditoría que se presente. Para sobrevivir en ese ecosistema, debe tener la mayor parte del tiempo la capacidad de mimetizarse con la masa, no vertir comentarios polarizadores, ni cuestionar, y peor aún mostrar algo de pensamiento crítico. Si algún día aparece un juicio sobre su trabajo, tirará la bolita al débil más cercano y se lavará las manos lo más rápido que pueda, nunca asumirá su responsabilidad,porque asumirla lo revelara como débil e incapaz y lo haría tambalear al mundo de los desempleados. Debe tener un carácter sumiso y complaciente con sus superiores y debe ser poco reflexivo para ser feliz.

No es de extrañar que vivir en un ambiente así, por años cambia la esencia más dura, como las gotas de agua que persiste sobre la roca.

La nueva mentalidad moldeada no solo se presenta en el espacio de trabajo, sino se amplia también al espacio personal y social.

Que pasa cuando una persona con esa mentalidad y valores transformados llega a espacios de poder. Dónde no solo es perdurar en el cargo sino gobernar (hablar, escuchar, entender, solucionar) y en tiempos que varían entre ayer, para ya, y hay que planificarlo. Cuando se requiere soluciones inmediatas porque la vida, el valor mayor, está en juego. 

Vienen respuestas similares como "ya mandamos cartas, que mas quiere que haga", "no se puede negociar con vandalos", "no podemos hacer competencia desleal a privados", o "dicen que no hay alcalde pero el alcalde no controla los precios", y otro que se hace ver poco y se mimetiza con las masas.

Todos ellos con la mentalidad del funcionario público, cuidando su permanencia en la silla del poder con el fin de recibir su salario y seguramente alguito más. Ejerciendo la ley del mínimo esfuerzo para que no les caiga una auditoría o las consecuencias de alguna.

Da pena ser la consecuencia de esas mentalidades y da pena ver esa apatía de vivir, de cambiar para mejorar, de trabajar y del fin de la ética.