15 ago. 2015

-Alicia 2015-

 
  
 
 
 
 
 


Acabo de terminar de leer el libro más popular de Lewis Carroll: “Alicia en el País de las Maravillas”.  Un libro de por demás intrigante; primero por las diversas películas originadas, además de las referencias de una historia de terror transformada en un cuento infantil y finalmente por todos los rumores de pedofilia señalados al autor. 

Un libro que para la época victoriana y también para ésta época; se asemeja a las películas de Hayao Miyazaki; es provocador en el uso del lenguaje a través de la lógica formal, la facilidad para la crítica de las costumbres y política de la época e innegablemente la capacidad creativa en la narración.

No pretendo hacer una especie de mal prólogo al libro, pero si ejercitar la escritura con inquietantes realidades paralelas que estamos viviendo con ésta historia y sobretodo la urgencia de pensar.

Los personajes del libro son animales, animales extintos, humanos y humanos que se convierten en animales; que tienen la suerte de convertirse en hermosos animales porque de humanos son espeluznantemente feos; todos ellos con denominadores comunes(para también practicar los términos correctos del algebra), viven en un país maravilloso donde cualquier razonamiento es innecesario de manera superficial, pero que en el fondo existe una lógica matemática aunque cueste descubrirla, donde aparentemente el tiempo se detiene en ciertos espacios y para otros espacios el tiempo se encuentra desesperadamente acelerado,  todos los personajes parecen estar locos y viven bajo el dominio de una reina de “corazones” despótica que utiliza frecuentemente la frase más temida en el país“córtenle la cabeza”.

La reina se la ve gobernando en dos escenarios: en medio del juego de croquet y en una corte de “justicia”. Ella tiene un amor  irremediable al color rojo y una relación de amor-miedo con el rey. Rey que también tiene funciones gubernamentales, el de ser simultáneamente legislador, juez, jurado, abogado y fiscal. Y por más sorprendentemente que parezca gobiernan sin el menor quejumbro de sus gobernados excéntricos (ya que ser que se osó a hacerlo termino sin cabeza y/o manso gobernado). Obviamente toda esta especie de adormecimiento y locura general es denunciada y resistida por la protagonista Alicia; una pequeña niña  con educación, costumbres, leyes y moral victoriana, asidua consumidora de unos hongos mágicos (proveídos por una oruga amante de la filosofía) que le hacen crecer y decrecer; capaz de decir lo que piensa sin temor de que le corten la cabeza. Y cuando están a punto de hacerlo todas aquellas aventuras y personajes del país maravilloso se queda en el profundo túnel  del sueño.

Sueños que te introducen a esta historia y que al salir de ella me parece que este tal Lewis Carroll es el Nostradamus de nuestras horas bolivianas.

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